Buen día, tarde o noche, dependiendo de a qué hora leas este post.
Este es un nuevo lugar que tendrá nuevos y viejos artículos. Pero voy a tomarme un tiempo para explicar: ¿qué es esto?
Lo llamé El sótano del Shaolin, porque me gusta la idea, aunque sea imaginaria, de que estos textos son escritos en el sótano del templo.
Los sótanos son lugares alejados de salas centrales, bien cuidadas y lustrosas. El sótano es más oscuro, tranquilo, menos formal, donde uno se puede distender y despreocupar de la mirada ajena.
Y, por lo tanto, esa relajación sirve para pensar, hablar, escribir, compartir ciertas ideas que no expresaríamos en otros lugares o momentos.
Para mí, será un espacio donde escribiré sobre temas de artes marciales que en general no se hablan ni escriben.
Hay miles de canales de YouTube y otras redes hablando sobre el aspecto exotérico de las artes marciales (técnicas, estrategias, campeonatos, críticas a otros estilos o maestros, etc.), pero en mi blog voy a tratar el lado técnico, histórico, anecdótico pero también el aspecto esotérico de esta práctica marcial (ritos y rituales, meditaciones, influencias filosóficas).
Intentaré explicar bien qué es ser un practicante ortodoxo u heterodoxo, qué significa ser un practicante tradicional o moderno, y si se puede ser los dos tipos de practicantes a la vez.
Las artes marciales son mucho más que golpes, defensas y atrapes. En la playa, podés quedarte en la seguridad de la orilla —ahí seguro no te pasa nada— o podés ir a nadar a "aguas más profundas" para conocer más. Esa es tu elección; vos decidís.
La idea aquí no es hablar más de lo mismo, o bien de un estilo y mal de otros, sino pensar como artista marcial y no como karateka, judoka o lo que sea en particular. Y tampoco escribiré sobre campeones y torneos, ni sobre el krav maga o systema.
Los invito a tomar El sótano del Shaolin como un lugar "dentro nuestro", donde buscamos quiénes somos, nos preguntamos por qué y para qué estamos, recordamos historias, repensamos algunos temas y conocemos otros.
Cuando ustedes quieran, me visitan: solo deben abrir la puerta, bajar unos escalones y, ahí nomás, alguna historia los estará esperando.
Cada uno elige. Y gracias por leer.
César G. Monteghirfo