Hace unas semanas, un joven practicante de karate me contó que, mientras iba al trabajo, le robaron la moto. Se detuvo en un semáforo, y dos personas, a punta de pistola, lo hicieron bajar y se llevaron su vehículo.
Su enojo no era tanto por el robo, sino porque, según dijo: "no hizo nada"; "simplemente entregó la moto". Le respondí que el solo hecho de poder contar la historia, sin heridas ni marcas, ya era más que suficiente.
Una moto cuesta dinero; una bala en el pecho cuesta mucho más, y también la salud.
En cualquier ámbito, se pierde más veces de las que se gana; así se aprende, claro, si es que se aprende. Pero ese es otro tema.
Messi erró más goles de los que metió.
Elon Musk, el multimillonario dueño de SpaceX, hace unos días vio cómo uno de sus cohetes explotó al aterrizar. Sin embargo, declaró que el despegue había sido un éxito.
Existen miles de ejemplos más, y todos tienen algo en común: han tenido más pérdidas que ganancias.
Quizás debamos aprender a vivir sin esa dualidad tan extrema entre ganar y perder. Tal vez, si viéramos las pérdidas como enseñanzas y los éxitos como lecciones aprendidas, sería menos traumático perder.
- ¿Poder contar que te asaltaron es un éxito o un fracaso?
- ¿Acaso la defensa personal no enseña a defender la vida?
- Si puedes contar tu historia y estás sano, ¿ganaste o perdiste?
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Gracias por leer.
César G. Monteghirfo

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